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El
“riesgo básico” de fallecer prematuramente es la principal
eventualidad que cubre una póliza de seguro. La manera en que
hace esto es a través de aportar a los beneficiarios una Suma
Asegurada destinada a compensar las consecuencias económicas que
acarrea una pérdida de esa clase.
En algún
momento de la historia, el ser humano detectó que el
fallecimiento de una persona productiva afectaba económicamente
a diversas unidades sociales, principalmente a sus dependientes
directos. Aun cuando cada persona fallecida es insustituible, el
efecto económico puede ser minimizado si se cuenta con un fondo
suficiente para permitir cierta estabilidad durante un tiempo
determinado.
Por otra parte, puede decirse que el fallecimiento es un evento
cierto ya que la vida es perecedera. Sin embargo, el momento del
fallecimiento es completamente aleatorio, y comúnmente no se
puede tener certeza respecto del punto en el tiempo en que va a
ocurrir el fallecimiento (las pocas excepciones son los casos de
ajusticiamientos judiciales, por ejemplo). Esto convierte al
fallecimiento en un riesgo fortuito.
El otro
“riesgo básico” es la posibilidad de una supervivencia
demasiado larga. Esto es, que la persona sobreviva mucho tiempo
después del término de su vida productiva. Cuando una persona
llega a la edad de retiro, casi siempre requiere una
sustentación económica cuyo monto complemente los ingresos
que ésta pueda recibir vía algún sistema de pensiones
privado o estatal y/o de su ahorro acumulado durante su
vida productiva. En estos casos, el individuo
necesita un fondo adicional que le permita hacer frente a sus
necesidades económicas. Dicho fondo adicional, que puede ser
considerado una dote, puede ser obtenido a través de algún
mecanismo que le garantice recibir una suma determinada en caso
de sobrevivir a su edad de retiro.
Con base en
esta idea fundamental surgieron los seguros “dotales”. Es decir,
los que otorgan una dote al mismo asegurado, siempre y cuando
éste llegue con vida a una edad determinada.
Obviamente,
la supervivencia también es un riesgo fortuito ya que no se
puede determinar cuántos años adicionales, a partir de un
momento cualquiera, va a sobrevivir una persona.
Los dos “riesgos básicos” del Seguro de Vida, pues, son
el fallecimiento prematuro y la sobrevivencia prolongada.
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