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El ser humano debe enfrentar durante
toda su existencia una tensión
fundamental y perpetua entre la certeza
y la incertidumbre, lo esperado y lo
imprevisto, el estrés y la tranquilidad.
Una parte de nuestro ser nos lanza a la
aventura, a la audacia, a los caminos
inéditos.
Otra parte nos pide calladamente
recorrer los senderos ya conocidos,
eludir los empeños nuevos, privilegiar
la tranquilidad sobre la adrenalina.
Pero ocurre que vivir es arriesgarse
siempre, y la tranquilidad absoluta
tiene un nombre incómodo: se llama
muerte.
Y a los humanos no nos gusta la muerte.
Sin embargo, muchas veces nos atrae la
tranquilidad. ¿Cómo conciliar esa dos
tendencias?, ¿Cómo vivir plenamente sin
arrojar el corazón por la boca por
exceso de excitación?
Después de milenios, el hombre ha
desarrollado métodos para lograr ese
frágil equilibrio.
El Seguro es uno de esos métodos.
Uno de los mejores, por cierto.
El Seguro es uno de los más eficaces
instrumentos jamás inventado por el
hombre para vivir plenamente. Es decir,
para incursionar en la vida con decisión
pero sin imprudencias.
Con alegría pero sin frivolidad.
Con entusiasmo, pero también con
responsabilidad.
Responsabilidad hacia uno mismo y hacia
los suyos.
Vivir asegurado es vivir a
cabalidad...
pero con tranquilidad.
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