ARTÍCULOS> FEBRERO 2008

 

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¿TRANQUILIDAD? Sí, pero no demasiada

 


El ser humano debe enfrentar durante toda su existencia una tensión fundamental y perpetua entre la certeza y la incertidumbre, lo esperado y lo imprevisto, el estrés y la tranquilidad.

Una parte de nuestro ser nos lanza a la aventura, a la audacia, a los caminos inéditos.

Otra parte nos pide calladamente recorrer los senderos ya conocidos, eludir los empeños nuevos, privilegiar la tranquilidad sobre la adrenalina.

Pero ocurre que vivir es arriesgarse siempre, y la tranquilidad absoluta tiene un nombre incómodo: se llama muerte.

Y a los humanos no nos gusta la muerte. Sin embargo, muchas veces nos atrae la tranquilidad. ¿Cómo conciliar esa dos tendencias?, ¿Cómo vivir plenamente sin arrojar el corazón por la boca por exceso de excitación?

Después de milenios, el hombre ha desarrollado métodos para lograr ese frágil equilibrio.

El Seguro es uno de esos métodos.
Uno de los mejores, por cierto.


El Seguro es uno de los más eficaces instrumentos jamás inventado por el hombre para vivir plenamente. Es decir, para incursionar en la vida con decisión pero sin imprudencias.
Con alegría pero sin frivolidad.

Con entusiasmo, pero también con responsabilidad.
Responsabilidad hacia uno mismo y hacia los suyos.

Vivir asegurado es vivir a cabalidad...
pero con tranquilidad.
 

 
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